Premisa
Uno de los aspectos que caracteriza el actual situación política mundial es la pérdida de autoridad de la Organización de las Naciones Unidas, que no siempre logra absolver de manera eficaz y tempestiva a las funciones y los deberes que la caracterizan.
Su acción se revela, por lo tanto, en muchos casos, problemática, torpe o tardía. Es a la luz de este escenario que podría revelarse útil – (también por rendir más eficaz el mismo operado de la ONU) – que éste se dotara de un organismo moral representativo, carente de poder político, con altura de ponerse de lado de la acción y constituir un punto de referencia para los parlamentos nacionales; de favorecer también la práctica democrática en aquellos países que actualmente no adoptan, o adoptan de manera vacilante y con reserva, una forma democrática de gobierno.